
En lo que a nuestro país se refiere, la manipulación de los comicios fue grosera y muy mal ejecutada ya que, con solo sumar los votos que las actas del Tribunal Supremo Electoral han emitido a tiempo de dar el cómputo final, señalan una desprolijidad enorme, que justifica ampliamente la suspicacia mostrada por todos los organismos políticos intervinientes en este evento.
De aceptarse una auditoría externa de las elecciones, por parte de organismos internacionales como la OEA o la Comunidad Europea, esta deberá ser vinculante a fin de evitar una salida similar a la del referéndum del 21 de febrero de 2016, ya que, por deducción lógica, de establecerse que dichas enmiendas realizadas al cómputo general han sido viciadas de fraude, una segunda vuelta a los comicios sería descartada por nulidad, debiéndose dar paso a unas nuevas elecciones.
Hasta la fecha, han transcurrido más de siete días de paro indefinido en todo el territorio nacional, sin avizorarse una solución de discontinuidad a esta insólita crisis, sin violencia y sin necesidad de deshonrar a nuestros difuntos, haciéndolos sufragar iterativamente, tantos miles de veces, como lo que caracterizó a las elecciones de Maduro en Venezuela, o al referéndum del 21 de febrero de 2016.
Los bolivianos esperamos que la ecuanimidad y la sabiduría de nuestros políticos y gobernantes primen, para lograr un pacífico desenlace a este conflicto y así poder celebrar con unción y fe el regreso de nuestros difuntos.
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