Una Bolivia sin futuro aparente y completamente dividida


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La importancia de un discurso está en el mensaje que se pueda dar. No es cualquier hecho casual, se trata de una acción comunicativa cuya finalidad es exponer o transmitir un plan, una información que, por lo general, tiene la intención de convencer a los oyentes.

El discurso que pueda realizar un presidente electo de cualquier nación, en su primera aparición como tal, será siempre una narración oral premeditada y expresada en un acto solemne y masivo, relacionado sobre su pensamiento, visión del país y del pueblo que gobernara. Es siempre su último discurso de candidato para ser el primer discurso como dignatario de estado. La idea de este primer discurso presidencial, es buscar transmitir la emotividad que siente el nuevo presidente y persuadir al público que está asistiendo al mismo.



Este antecedente, me lleva a recordar alguna de las partes del acto de posesión de Luis Arce Catacora, quien en su primer discurso que duro poco más de media hora, que resaltó en algunas frases lo que iba a tener su gobierno. Estas generaban dudas, esperanzas y en sus partidarios emociones encontradas porque significaba el retorno al poder.

Pues bien, luego de 120 días de gobierno, podemos asegurar que el discurso expuesto no se asemeja para nada con la realidad de lo que vemos, escuchamos y sentimos los bolivianos en general, hasta gran parte de sus otrora emotivos partidarios.

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La frase que estaba dirigida a menospreciar el gobierno transitorio que decía: “Se usó la pandemia para prorrogar a un gobierno ilegal e ilegítimo” se contradice con sus actos. Ya que lo único que se lo vio haciendo al presidente “Es utilizar la pandemia y las vacunas para justificar la ausencia de una estrategia política para enfrentar la crisis sanitaria, social y financiera y dedicarse a realizar campaña electoral para sus candidatos” O sea, ¿la pandemia es la excusa perfecta para la imperfección presidencial de unos y otros? Es la pregunta que nos hacemos.

La segunda frase notoria, decía: “No es el odio lo que impulsa nuestros actos, sino una pasión por la justicia”, exclamó parafraseando las palabras del líder socialista Marcelo Quiroga Santa Cruz, de quien Arce más de una vez se ha declarado admirador. Nuevamente vemos que sus palabras se contradicen con sus actos gubernamentales.  ¿Su pasión parte de una justicia dominada por él como presidente, como gobierno? ¿Su apasionada justicia es para la persecución del adversario político y defensa de sus corruptos partidarios? ¿A que llama una justicia apasionada?

La tercera frase escuchada, decía: “Nos comprometemos a rectificar lo que estuvo mal y profundizar lo que estuvo bien”, manifestó en un gesto de autocrítica hacia los yerros y excesos del gobierno masista conducido por Evo Morales. Hoy en día vemos que no existe ningún intento de rectificar lo mal que le hizo Evo Morales a la democracia en nuestro país. El gobierno de Luis Arce, sigue utilizando las viejas mañas para intentar conservar el poder. Claro ejemplo, son los distintos juicios que tienen los candidatos opositores del eje central, que están por quitarle el sueño de una gobernabilidad total, para inhabilitarlos, pensando que así ganarían sus candidatos. Más bien creo que sería la tumba del gobierno masista.

Y así en general, de las otras frases que escuchamos, podemos afirmar que ese acto histórico, fue un discurso digno para un premio demagógico. Bolivia está a punto de entrar a un “estado crítico de nervios”. El 7 de marzo tal como va la campaña electoral de las encuestas opositoras y la campaña electoral de la justicia masista, el país tendrá una seria división de poderes.

Por un lado, un gobierno de Luis Arce dominando el poder judicial y parte del legislativo y de la otra, una serie de opositores con poderes locales y regionales con el aditivo de que son tan legítimos y legales como el presidente.

Un partido o lo que resta de él, versus varias alianzas políticas de oposición completamente desarticuladas, que lo único que los unirá será el discurso de la descentralización y la imperiosa necesidad de un nuevo pacto fiscal para manejar de manera independiente sus recursos económicos.

A este paso, a un pueblo enfermo por la pandemia del COVID  tendremos que soportar una época de inseguridad, de ingobernabilidad y más que seguro mucha desobediencia civil en los distintos departamentos y ciudades de Bolivia.

¡Dios salve a Bolivia!!!