No son mayoría, son uno MAS del montón


La democracia, como forma de gobierno, admite su rompimiento en al menos dos momentos distintos: la democracia de los antiguos (el de la democracia pactada) y la de los modernos (la de los socialistas progresistas). Un rasgo distintivo de esta última variante -aquella identificada como democracia representativa- es la existencia de representantes elegidos por votación popular.

Dado esto, se ha sostenido generalmente que el voto y la regla de mayoría son mecanismos «típicamente democráticos». Sin embargo, ni voto ni regla de mayoría son exclusivos de los sistemas democráticos impuestos de una manera represiva, basada en el manejo del poder judicial a conveniencia del partido gobernante.



De modo que definir la forma que estos han de tener cuando operan en un sistema democrático hecho a medida, constituye uno de los problemas principales del actual presidente Arce Catacora.

Cuando la realidad es muy distinta a la falsa imagen que el gobierno quiso vender de un supuesto 55 % de apoyo obtenido en unas elecciones nacionales, que no tuvieron el control electoral adecuado, aprovechando el momento y realizando un fraude muy bien montado, que quedó expuesto en el resultado de las elecciones subnacionales. Donde la diferencia de votos de apoyo para la fuerza política oficial, fue abismal, que nos lleva a pensar, si al MAS le interesa concertar y dialogar con la nueva oposición completamente desarticulada a niveles regionales y municipales, buscando insertar la teoría de la democracia real y su relación con los derechos fundamentales de cualquier sociedad democrática.

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El fracaso del MAS, es culpa exclusiva de un liderazgo de confrontación de Evo Morales como presidente del partido oficialista, donde su jerarquía prevalece sobre la imagen del presidente de la nación, quien, a la vez, su débil personalidad de segundón (como dice Valverde) lo llevó a mostrar una faceta discriminadora y de resentimiento social que afecto en gran medida la pérdida de confianza de los electores.

6 gobernaciones para 5 partidos políticos distintos opositores; 8 Alcaldías de capitales de departamento, incluida El Alto, con 7 agrupaciones y partidos distintos opositores. Contra 3 gobernaciones y 2 alcaldías para el MAS.

La oposición desarticulada significa en votación el 58 % o sea 3,216,149 de votos contra el 42 % que sacó el MAS y que solo alcanzó a tener 2,328,937 votos a nivel nacional. El TSE tendrá que responder, que se han hecho 1,025,000 de votos aproximado de la nacional en relación a las subnacionales (los votos en el exterior no alcanzaron los 160,000).  Sus 240 municipios rurales ganados por el MAS, poblacionalmente hablando, no significa más que un número que los derrotados quieren magnificar para mostrar una fuerza institucional que para nada se compara con la fuerza poblacional e institucional de las urbes más pobladas de Bolivia y del eje central, donde se concentra el 70 % de la población.

Ahora bien, pasaron más de 4 años de actividad electoral continuo, el MAS no es para nada la fuerza política que domino el país durante 14 años ejerciendo medidas antidemocráticas, ilegales e ilegítimas. Con fraude gigantesco en las elecciones generales del 2019 y el desconocimiento total a un referéndum nacional. Con casos creados como el del terrorismo para desarticular una oposición y a los opositores sacarlos del medio político a través del asilo en otros países. Con un gobierno de transición corrupto entre medio, que llevó al MAS a recuperar el poder nuevamente de una manera débil y a una oposición civil ciudadana que perdió las esperanzas de ver surgir nuevos y jóvenes liderazgos, llevándolos a apoyar en las subnacionales a diferentes líderes departamentales con la intención de que el poder del masismo, no tenga la capacidad de articularse nuevamente, que, a mi entender, fue lo más positivo de este final político de una era para el olvido.

En el MAS, el presidente tendrá que decidir gobernar para los bolivianos y enfrentar la crisis sanitaria y económica de una manera coherente, escuchando al pueblo y a la oposición. O en su defecto, declararse enemigo de la democracia y seguir siendo el tonto útil de Evo Morales. Ambos, junto a otros nefastos dirigentes, seguramente buscarán una estrategia de acabar con la oposición regional a través del debilitamiento y el miedo de la oposición, con acciones ilegales de la justicia y detenciones preventivas a largo plazo.

En la oposición, tendrán su tiempo para meditar y buscar la gobernabilidad, utilizando el arte de la política para lograr sus fines positivos para el bien de la sociedad que representan, para luego ir de a poco, concertando acciones en conjunto para lograr un liderazgo creíble y nuevo, que recupere los valores y los principios de una sociedad que está acostumbrada a aplaudir los actos de corrupción como medio de vida, de la mayoría de los políticos actuales.

Recuerden los nuevos líderes:

“SI NO PUEDEN DESTACARSE POR SUS TALENTOS, HÁGANLO CON SUS ESFUERZOS”