Apoteosis de la sinvergüenzura


                                                                                                             

Alegando que Tarija tenga una representación, de la que siempre fue marginada, el diputado de Comunidad Ciudadana (CC) Edwin Rosas, justificó su impúdico transfugio, postulándose a la directiva de la Cámara de Diputados, ignorando a su bancada y apoyado por el Movimiento Al Socialismo (MAS).



Como la ignorancia es atrevida, para justificar su torpeza, este truchimán lanzó ese infundio desconociendo el paso de ilustrísimos parlamentarios tarijeños que entraron a la historia, no solo como dignos representantes de su región, sino de la patria entera, como es el caso del Dr. Víctor Paz Estenssoro, Jaime Paz Zamora, Motete Zamora, Rodrigo Paz Pereira, etc., empero, en épocas en que la república contaba con el servicio de estos caballeros y no con una kakistocracia que se sirve de ella a través de estos parásitos.

Por su parte, la diputada disidente de Comunidad Ciudadana (CC) Keyla Ortiz (Beni), negando que su auto postulación a un cargo en la directiva tenga algo que ver con el MAS, y mordiendo la mano que le dio de comer, se dio a la tarea de atacar al partido que la encumbró al solio parlamentario, acusándolo de no haberla tomado en cuenta para ocupar cargos en la directiva de la Cámara de Diputados.

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A la luz de lo expuesto, la actitud de estos padres de la patria, como eran llamados estos pícaros cuando la “vergüenza” era considerada una virtud sobre la cual se exaltaba la fuerza de la conciencia y fundamento de la dignidad, el respeto, la palabra de honor y otros atributos humanos tristemente perdidos, constatamos con pesar que la Bolivia soñada por sus creadores está desapareciendo.

Cuando una sociedad pierde la vergüenza, pierde igualmente el poder de evitar que la corrupción de su espíritu mine los apetitos de su cuerpo, como el soborno, la venalidad, la prebenda, la sinecura, la deshonestidad y la desvergüenza. Como consecuencia de esta tragedia, aflora el sentimiento de la traición y el transfugio.

Esa política discrecional e intolerante que el oficialismo acaba de mostrar a los bolivianos en el seno de la tal llamada Asamblea Plurinacional, en homenaje al año de gobierno del presidente Arce, donde los prosélitos masistas se dieron a la bochornosa tarea de mostrar una inconfundible sed de venganza, más que el de una sana vergüenza, y cuando esta falla, fallan también los más genuinos sentimientos que solo pueden ser expresados cuando el alma se materializa, y el cuerpo cobra vida. De ahí que, una vez perdida la vergüenza, se ha perdido la vida; se ha perdido el respeto: y los valores más elementales de convivencia.

El largo y tedioso mensaje presidencial, repleto de cifras abstrusas y de tozudas invectivas contra una derecha diabólica, fautora de un golpe de estado fantasmal, y que acaba de venderles unos tránsfugas para completar su indecente directiva camaral, crispó los ánimos de beligerancia y a este clima se sumó la metafísica presencia del vicepresidente Choqui, que aspira corporizar al Maestro Yoda de la Guerra de las Galaxias, exacerbando esta apoteosis de la sinvergüenzura.

 

Álvaro Riveros Tejada