Programa: Anoticiando
Canal: ATB
Carlos Mesa
*Fragmentos
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Mesa: “No estaba aislado de la realidad, el gran drama del presidente (Gonzalo Sánchez) es que desde los acontecimientos de febrero él tuvo la lógica de que esa famosa bala en la parte lateral del despacho presidencial iba destinado a él y él entró en una obsesión de no pisar la calle, se aisló completamente, yo creo que ese fue el punto de no retorno del gobierno”.
Iturri.- “En esa reunión con los directores de medios él dijo; vamos a ir a la guerra, lo dijo así textualmente y dijo porque sabemos que está Sendero Luminoso y el MRTA aliados ahí en el altiplano boliviano”.
Mesa: “Había una obsesión permanente, yo sigo preguntándome, ¿qué tiene que ver con estas cosas que se han dicho, de que había una conspiración internacional, de que habían movilizaciones y dinero, y un financiamiento de los movimientos que no eran espontáneos, es decir , el gobierno había construido una imagen de subversión internacional que yo no compartí, que no se ha podido demostrar nunca”.
Grimald.- “¿Tuvo alguna influencia el gobierno de los Estados Unidos, hubo alguna comunicación con el departamento de Estado directa? No sé si con usted o con Gonzalo Sánchez de Lozada”.
Mesa: “En el caso de Sánchez de Lozada si sé la experiencia de febrero, pero en el caso mío el martes 14 el representante del Departamento de Estado,. me llamó en tono gélido para decirme que me comunicaba que el Departamento de Estado no iba a respaldar la eventualidad de que el vicepresidente se hiciera cargo de la presidencia y que el Departamento de Estado creía que yo debía respaldar el proceso democrático que encarnaba el presidente Sánchez de Lozada”.
Grimald.- “Claro, usted ya había renunciado”.
Mesa: “Yo ya me había separado del gobierno. Entonces le respondí que yo era el vicepresidente de Bolivia y yo haría lo que la Constitución diría y que si se producía el caso de la sucesión la tendría. Eso se volvió a producir el jueves cuando el Embajador Greenlee me pidió una entrevista en mi casa y tuvimos una larga, durísima y tensísima discusión en la que nos dijimos barbaridades porque me pareció que el Embajador se pasaba de la raya en lo que él consideraba que yo debía hacer. Le dije; a ver, un ratito, es decir, ustedes con la doble moral que tiene Estados Unidos hablando de ética, y ustedes en definitiva definiendo los destinos del vicepresidente. Mientras yo sea vicepresidente no voy aceptar esa recomendación y no estoy haciendo aquí literatura para ahora mostrarme como gran antiimperialista, sino que me parecía que ya un pisoteo de la dignidad básica, de la dignidad mínima que un ciudadano debe tener”.