Gestionar el proceso salud-enfermedad, no solo la enfermedad: una nueva apuesta para la salud pública boliviana


 

La salud pública boliviana frente al proceso salud-enfermedad



Desde 2003 hasta 2025, la salud pública en Bolivia se redujo a un enfoque centrado en la enfermedad: curación, control de epidemias e infraestructura asistencial. Este modelo biomédico, insistido por los gobiernos de Evo Morales y Luis Arce Catacora, ignoró los determinantes sociales —condiciones económicas, ambientales y sociales— que generan y reproducen el padecimiento, profundizando desigualdades y dejando un sistema fragmentado. El manejo de la enfermedad fue deficiente por decir lo menos.

Hoy, la sociedad demanda inclusión real, financiamiento innovador, participación comunitaria y una gestión integral del proceso salud-enfermedad: el movimiento dinámico entre bienestar, riesgo y padecimiento. No basta con ampliar hospitales; urge transformar esas condiciones subyacentes para un desarrollo humano sostenible.

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Una nueva oportunidad desde lo local

El presidente Rodrigo Paz Pereira plantea un modelo de desarrollo económico desde lo local: descentralización del 50% de recursos, autonomías regionales y un Estado ágil con rol rector en procesos inclusivos. Para la salud, esto implica reorientar políticas hacia el eje del proceso salud-enfermedad, con urgencia en la descentralización.

Las estrategias nacionales deben nacer del diálogo territorial, no solo de La Paz. En comunidades y municipios —donde conviven medicina tradicional, seguridad social, ONGs, privados, FFAA, Policía y Ministerio de Salud— se diseñarán acciones adaptadas a necesidades reales, priorizando acceso para grupos mayoritarios excluidos.

Complementariedad institucional: optimización óptima de lo existente

Integrar estas instituciones exige complementariedad estratégica y contundente a nivel local, no unificación autoritaria. Cada una aporta a fases específicas del proceso salud-enfermedad y de acuerdo a sus fortalezas complementadas por las demás en sus debilidades, con un mecanismo claro de flujos económicos que no perjudiquen sus mandatos económicos y sociales

Esto optimiza recursos existentes —evitando duplicidades costosas en equipamiento, personal e insumos— para una utilización eficiente y sin desperdicios. El nivel local, con participación popular, forjará consensos en financiamiento compartido, prioridades regionales y gestión coordinada, multiplicando impacto sin nuevas inversiones masivas.

La digitalización interinstitucional acelera esto: plataformas interoperables para planificación participativa, vigilancia en tiempo real, seguimiento de determinantes sociales y articulación de atención. Deja de ser un gadget para volverse pilar de equidad, transparencia y eficacia.

Integración con determinantes nacionales

La salud pública debe integrarse transversalmente con áreas del quehacer nacional que moldean determinantes sociales: economía productiva para empleo digno y nutrición; educación para hábitos preventivos; ambiente para saneamiento; vivienda para condiciones higiénicas; y cultura para prácticas inclusivas por género y etnias. Esta articulación multisectorial —liderada desde lo local— convierte la salud en motor del Desarrollo Humano Integral, no en silo aislado.

Salud pública como desarrollo humano

Es hora de voltear el Sector Salud. El nivel local debe basar no solo políticas sanitarias, sino todo el Desarrollo Humano Sostenible, reflejado en Políticas de Estado concretas que encarnen equidad, participación y gestión dialéctica del proceso salud-enfermedad al servicio de las comunidades.

Dr. Javier Torres-Goitia Caballero

Exministro de Salud y Deportes