Según el reciente informe presentado por la Oficina Técnica para el Fortalecimiento de la Empresa Pública (OFEP), 15 empresas estatales se encuentran en “quiebra técnica”, acumulando pérdidas conjuntas de 2.655 millones de bolivianos. En el epicentro de este descalabro financiero se encuentra la Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (EMAPA), liderando la lista roja con un saldo negativo de 828,9 millones de bolivianos. Ante este escenario, el gobierno estableció un ultimátum de 90 días para evaluar su rentabilidad técnica o proceder a su liquidación definitiva.
La lógica macroeconómica de buscar eficiencia y frenar la hemorragia de recursos del Tesoro General de la Nación (TGN) es indiscutible y necesaria. Sin embargo, la estrategia de repliegue ya implementada sobre EMAPA —y que se percibe operativamente en las calles— genera serias dudas sobre su viabilidad estratégica.
Cualquier ciudadano que visite hoy una sucursal de EMAPA se encontrará con un panorama desolador: estantes vacíos, reducción de locales comerciales y un incremento desproporcionado en el precio de los productos exclusivos de la empresa. Atribuir este repentino encarecimiento únicamente a “altos costos de producción” resulta apresurado. En economía, tapar ineficiencias operativas o supuestos hechos de corrupción incrementando el precio final al consumidor es una receta directa para la contracción de la demanda. Si los precios suben desproporcionadamente, las ventas caen; y si las ventas caen, el déficit de la empresa se profundizará aún más.
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Es imperativo recordar la génesis de EMAPA: nació con un enfoque estrictamente social, diseñado para mitigar precios en escenarios especulativos y garantizar seguridad alimentaria, no como un ente corporativo generador de utilidades. Hoy, ese enfoque ya no está vigente. Evaluar a las empresas estatales para corregirlas es el camino correcto, pero la liquidación silenciosa mediante el cierre de sucursales y la asfixia de precios es un error estratégico garrafal.
En lugar de achicar EMAPA hasta su desaparición legal, el Estado tiene ante sí una gran oportunidad para reestructurarla y convertirla en una cadena de supermercados de alcance nacional, rentable y competitiva. El mercado de retail (comercialización minorista) en Bolivia opera bajo dinámicas de alta concentración, con prácticamente una sola gran franquicia privada dominando el formato de hipermercados. EMAPA posee un nicho de mercado inmenso y un posicionamiento de marca ya establecido. Además, si observamos economías vecinas como la chilena, grandes cadenas como Líder (Walmart) no se limitan a distribuir productos de terceros; su modelo de negocio se sostiene fuertemente en el desarrollo y comercialización de bienes de marca propia.
¿Podría EMAPA replicar este modelo? ¡Absolutamente! El Estado ya ha incurrido en el costo hundido de construir una vasta infraestructura agroindustrial, la maquinaria ya está instalada. Hoy contamos con activos como la “Planta procesadora de papa” en El Alto, el “Matadero frigorífico” en San Borja, el “Complejo piscícola” en Chimoré, e incluso la capacidad instalada de otras entidades que, paradójicamente, también figuran en la lista roja de quiebra de la OFEP, como la Empresa Boliviana de Alimentos (EBA) o la azucarera EASBA. El costo económico y social de liquidar, abandonar u oxidar esta infraestructura sería infinitamente mayor que el de integrarla de manera eficiente para que opere a su máxima capacidad.
El verdadero desafío de estos 90 días de evaluación no debería ser redactar los decretos de cierre, sino realizar una planificación integral para que estas plantas productivas alcancen niveles óptimos de eficiencia para manufacturar bienes de la marca EMAPA, comercializándolos a través de su propia red de sucursales, sin intermediarios.
Querer que las empresas públicas sean superavitarias es una meta loable, pero el camino no es la contracción apresurada ni el cierre contable ciego. Con una visión empresarial de mediano plazo, transparencia operativa y una integración real de toda la capacidad productiva estatal, no es descabellado pensar que EMAPA pueda transformarse en una poderosa red de supermercados capaz de competir en el mercado y generar riqueza genuina para el país.
Angel Rafael Surco Chuquimia
Es economista
