Más allá de historias insulsas, protagonistas planos o puestas en escena poco inspiradas, pocas cosas pueden hacer más daño a un largometraje que las expectativas generadas antes de su estreno. Unas esperanzas por ver un producto de gran calidad que, en el caso de ‘Península’, llegaban alimentadas por la habitual excelencia del cine surcoreano y por esa maravillosa odisea no-muerta titulada ‘Tren a Busan’.
Fuimos muchos los que caímos rendidos en la edición 2016 del Festival de Sitges ante el debut en la acción real de un Yeon Sang-ho que, en cuestión de dos horas, dio forma a un inolvidable viaje a través de la red ferroviaria coreana. Un periplo brillante, violento, divertido y rebosante de corazón que, además, juega con los lugares comunes del género y los retuerce con sobrada inteligencia.
