En los duditativos inicios de Netflix en España, sus primeras películas originales pasaron discretamente por la plataforma, una tendencia que empezó a cambiar gracias al desparpajo de ‘The Babysitter’ (2017), una pequeña película de terror que jugaba con los tropos del género de niñeras en peligro y home invasion con un descaro y humor ejemplares, que no tenía inconveniente en mezclar humor macabro y gore con el protagonismo de un niño. Ahora, acaba de llegar su secuela.
Y, tras lo visto en en la anterior película, el director McG parece no haber traicionado nada de lo que propuso en aquella y ha aumentado todos los elementos que la convirtieron en uno de los productos más refrescantes de Netflix: el splatter y la absoluta falta de vergüenza. Si en la anterior un niño llamado Cole vivía un home invasion en compañía de la niñera de la que está enamorado platónicamente –la genial Samara Weaving– su arco de personaje vivía un sangriento rito de paso a la adolescencia que acababa con una nota un pelín azucarada.

