Me duelen las muertes de inocentes que no conozco; me duelen mucho más, las muertes de inocentes y a cuyos padres, hijos o hermanos conozco. Esa es la verdad y nadie debe molestarse; a todos nos pasa.
Las muertes violentas de personas buenas no debieran dar lugar a “embanderarse” con odios y resentimientos que no vienen al caso.
Es inaceptable que se plantee este asunto como una cuestión de clase, como si este fuera un asunto de «ricos» molestos e indignados porque no es cierto y no es correcto hacerlo. La gente pudiente se conmueve con las muertes de todos los ciudadanos y ciudadanas pero, hace más causa por los que conocen; eso es normal. Se llama solidaridad, compañerismo y amistad, ese debiera ser un valor y no objeto de cuestionamiento.
Me duele que me llame un compañero de un medio de comunicación para “analizar” lo ocurrido sin que se tenga un conocimiento cabal de los hechos y que, al escuchar mi negativa me pida que yo me ponga en el lugar de los padres, habida cuenta que soy padre.
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No me molesta haber interpelado al compañero y decirle que no se puede ser tan desubicado como para pedir semejante barbaridad! Cómo puede pretender alguien que yo me ponga en el lugar de Rómulo y Marta, a quienes aprecio y conozco desde hace tantos años, si a mí no me mataron a un hijo.
Cómo puedo yo hablar del sentimiento de ellos o de otros padres a quienes no conozco pero pasaron por lo mismo; qué derecho tengo de hacerlo, cuando yo se que mis hijos están vivos?. No, paso… yo me rehúso a ser parte de un circo que no hace bien a nadie y que hace mucho mal, en todo caso. Abomino toda manifestación de gente que, así sea en sus mejores intenciones, cree que puede ponerse en el lugar del padre o la madre que perdieron un hijo porque “ellos también son padres”.
Este debe haber sido uno de los fines de semana más tristes que he tenido; no acepto la idea de que los padres entierren a sus hijos, me rebela; me llena de odio, no se exactamente qué odio pero lo hago… a lo mejor no está bien pero, qué está bien frente a un hecho tan horroroso?
Leí durante muchas horas los mensajes de gentes a las que conozco y a las que no conozco en el face… hay tristeza y hay bronca acumulada, alguna que otra desubicación como la que se plantea un asunto de clases sin sentido y desubicado… pero también hay miedo y no debemos dejar que el miedo nos gane; convengamos que no estamos haciendo mucho para evitar la violencia; aceptemos con hidalguía que la sociedad de consumo, la sociedad de la apariencia crean y generan admiración, odios, resentimientos, falsas ilusiones y, despiertan sicopatías sociales que, a lo mejor aún no afloran pero, son nuestras conductas las que tienen responsabilidad en lo que pasa.
El domingo leí sobre la visita del Papa Francisco a Corea, allá, el Pontífice advirtió del «peligro que plantea el consumismo sobre la pobreza de la vida religiosa» y me permití ampliar ese mensaje a nosotros los ciudadanos del mundo; creyentes o no creyentes (de la religión o confesión que fuere) sobre la validez del mismo. Vivimos en una sociedad que lo admite y permite casi todo; una sociedad que va perdiendo valores en nombre de una “libertad” para hacer lo que nos de la gana, para tener, para mostrar; si podemos y, si no podemos, la compramos o al menos intentamos hacerlo o, lo que es peor, lo tomamos a la fuerza.
No quiero decir, lejos, muy lejos está de mi intención hacerlo, que el caso de Sofía Calvo Aponte debiera ser la piedra de toque o el punto de partida de la toma de conciencia de la sociedad porque, simplemente esto no debió ocurrir; no debió suceder, nunca, jamás una joven como ella u otras que han muerto en el último tiempo debieron ser asesinadas; ellas debieron vivir, ellas debieron realizarse; lo que ocurrió no es justo y la injusticia no sirve de abono para despertar conciencias.
Seguramente lo correcto hubiera sido mantener un respetuosos silencio; creo que no estuviera mal, pero, opinar es parte de lo que hago y este muro se ha convertido en una comunidad y la opinión va a todos; no me pongo, reitero, en el lugar de Marta y Rómulo, no tengo derecho, no podría hacerlo. Ellos; sólo ellos saben lo que están sintiendo.