Ronald Fessy, ciudadano periodista
Les voy contar una historia para que no se repita nunca MAS.
El 17 de octubre de 2003, el Congreso leyó la carta de renuncia de Gonzalo Sánchez de Lozada para que, acto seguido, asuma Carlos Mesa. Esa noche fatídica para la democracia boliviana, más allá de lo pésimo que fue el segundo Gobierno de Goni, la diputada Roxana Sandoval del MNR, a voz en cuello exclamó en plena sesión congresal siendo captada fugazmente por la televisión ante el silbido masista–“Dios salve a Bolivia del narcotráfico y el terrorismo”, arengó.
El masismo (socialismo/comunismo internacional) había ganado una batalla y comenzaba un cambio de ciclo. Tendrían que pasar dos años más para ello, Mesa (2004-2005) y posteriormente Rodríguez Veltzé (2005) para sepultar los 24 años de etapa democrática comenzada en 1982 (-enero 2006). En los últimos años de este periodo Carlos Mesa renunciaría 3 veces. Solo como dato.
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En la campaña para las elecciones de 2005, discutí, prediqué, llamé, persuadí a todo el que veía con cierto afecto a Evo Morales. Su carácter victorioso lo ponía en una posición casi de único corredor. “Hay que darle una oportunidad”, “Viene de abajo, lo va hacer bien” “Se los ha comido a toditos no va cometer los mismos errores”, eran algunos de los argumentos esgrimidos por quienes se afinaban para votar por él. Varios periodistas incluidos, que discurro terminaron votándole.
“Fijate de dónde viene, cuáles son sus intenciones, amigo de quien es, qué realmente quiere, no es democrático, está usando la democracia para llegar y después verás”, fueron algunas de mis estériles palabras que pretendían hacer entrar en razón a los trasnochados amigos.
Pocos meses después de haber asumido (enero 2006) vino la Nacionalización de los hidrocarburos, la señal de alerta me saltó, esto iba rápido. El ‘Estado todo’, ese era el plan y cuando empiezan así es que quieren quedarse mucho tiempo. La nueva constitución parida con muertos en Sucre, escondida y aprobada en un cuartel en Oruro y terminada de corregir en el Congreso en La Paz ya eran señales inequívocas de lo que se venía. La aprobación por voto popular de la nueva constitución con el 61% era la escena de la presa siendo rodeada por la serpiente para devorársela después, o, un caballo de Troya, si prefieren esa analogía, para decirlo de otra manera. Estoy orgulloso de haber sido parte del 39% que votó en contra.
Con el tiempo fue la envoltura con celofán bonito en la que se escondieron los más rastreros propósitos.
Un proceso de desagregación social, de división y de desinstitucionalización de la República galopaba sin impedimentos.
La masacre del Hotel Las Américas, la de El Porvenir, la toma militar de Pando, el encarcelamiento de decenas de inocentes, la persecución judicial, financiera y política de los que se oponían, son apenas un corto listado de los años de oscurantismo democrático vividos en este país y que, como había ingresos extraordinarios por nuestros recursos naturales (gas, minerales) fruto de los precios internacionales, medio mundo miraba al costado, muchos empresarios le acicalaban la torpe cabellera al jefazo y deslizaban al cajón del olvido cualquier reserva moral que aún podía quedarles.
Gloria, poder total, abuso total. Los poderes del Estado pasaron a ser “órganos” del ejecutivo, las leyes, decretos, normas, resoluciones, etc., eran alistadas para beneficiar al entorno, al propósito, al jefazo. “Yo le meto nomás”.
El narco, las peores prácticas políticas y el impudor fueron el espectáculo cotidiano. Entre tanto, se gastaban toda la plata. Gastaron tanto que a pesar de haber ingresado recursos como nunca antes nos endeudaron como jamás en la historia. De 1.000 a 11.000 millones de dólares.
A pesar de sus enormes defectos, la nueva constitución establecía una sola reelección continua, y ya se cumplía el plazo, el jefazo y compañía querían seguir. Se saltaron la norma madre, inventaron que el primer periodo no contaba porque es un nuevo estado. Una y otra vez a las urnas hasta que ya no había como estirar el chicle.
Entonces, seguros del aparataje a su favor, se largaron al referéndum de febrero 2016 para que la gente diga “si los quiere o no”. Oh sorpresa, dijo NO.
Tampoco fue suficiente, para eso tenían el poder judicial para inventar una chicanería que les permita estar en la papeleta de octubre 2019.
Para asegurar su victoria armaron un grotesco y tecnológico fraude electoral porque no se podían dar el lujo de perder. Era la última oportunidad. Fueron pillados y expulsados.
Una vez caídos, huyeron, pero al irse ensangrentaron al país, enfrentaron y mataron, luego se escondieron por un tiempo y como todo sinvergüenza, después comenzaron a sacar la cabeza. Nueve meses después, quieren volver y para ello bloquean, se alzan en armas, estrangulan al gobierno transitorio haciendo uso de su poder efímero en el Congreso y en algunos sectores sociales.
Mientras tanto y desde que comenzó esta historia, el narcotráfico y sus ramificaciones actúan para financiar y financiarse, para intentar conservar sus privilegios y acciones más abyectas.
El terrorismo en el poder, con curul, con representación y licencia social son el acabose de una sociedad y triste reglón para nuestra historia que nunca permitió que estas células podridas se reproduzcan. El Che Guevara lo aprendió con plomo. MRTA, CNPZ, Sendero Luminoso, EGTK son testigos que los terroristas en este país nunca tuvieron éxito. Hasta que eligieron a uno como vicepresidente. Se escabulló en las urnas como señorita de buena pinta y desde adentro minó la democracia, embruteció a los súbditos y los hizo creer huérfanos cuando los amos tomaban el avión rumbo a México.
La predicción de la diputada Sandoval ya en el lejano 2003 me resuena hoy con fuerza. Se ha hecho realidad. El narco y el terrorismo se han expandido. Hoy es inmensamente mayor que en 2003 y eso muestra el resultado de las intenciones de los que en ese momento se encumbraban como los salvadores de la Patria, cuando en realidad terminaron siendo los verdugos de ella, factores de división en un país ya históricamente dividido.
Mientras tanto, hoy las fuerzas democráticas se comen el pecho entre ellas en vez de centrar sus fibras para cerrar paso a los huidos. Se encargan de atacar con todo al gobierno actual, débil por naturaleza, pero legal y legítimo y por lo tanto lo poco que nos queda para soportar. Hay que mirar en perspectiva para no repetir la historia.
Son tiempos decisivos e incluso en las urnas hay que tener sentido común. El cambio de rumbo iniciado en octubre 2019 está en peligro y es decisión nuestra ni un paso atrás. Hay que reconstruir este país, desmontar el Estado ampuloso, centralista, burocrático y por sobre todas las cosas ineficiente y corrupto. Caldo de cultivo para los caudillos letrados y también para los ignorantes.
Qué pena haber tenido razón hace ya tantos años. Dios salve a Bolivia y su democracia.
Líbranos de las flamígeras intenciones del MAS.
