Argelia acusa a Marruecos de haber asesinado a tres civiles argelinos en el Sáhara Occidental. Se trata de una nueva etapa en las tensiones entre los dos países, que han ido creciendo desde hace un año. Tras declaraciones incendiarias, por primera vez las tensiones son militares.
Los hechos habrían tenido lugar el 1 de noviembre. Dos camiones argelinos que transportaban cemento entre Uargla y Nuakchot fueron atacados y destruidos por fuego de artillería o de drones en la zona controlada por el Frente Polisario (movimiento de liberación nacional del Sáhara Occidental). El ejército marroquí tiene su base a unos 30 kilómetros de distancia.
Los tres conductores de los camiones fueron asesinados, al menos eso es lo que dice la presidencia argelina, en un comunicado en el que afirma que «varios factores apuntan a que las fuerzas de ocupación marroquíes en el Sáhara Occidental han cometido este cobarde asesinato con armamento sofisticado». Por su parte, las autoridades marroquíes no han reaccionado oficialmente a estas acusaciones.
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Mientras la presidencia argelina promete una «investigación sobre este acto despreciable», y la prensa denuncia este ataque, ciertos investigadores, entre ellos Beligh Nabli, del IRIS (Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas), señalan que Argelia no ha aportado, por el momento, ninguna prueba concreta tras estas acusaciones. En cualquier caso, es la primera vez que las tensiones entre Argelia y Marruecos, hasta ahora diplomáticas, se trasladan al ámbito armado y militar.
Una escalada permanente
Estas tensiones son muy antiguas, sobre todo por el Sáhara Occidental, pero desde hace algún tiempo, la escalada es permanente. El reciente divorcio diplomático se remonta a diciembre de 2020. Cuando Donald Trump aún era presidente, Estados Unidos reconoció la «marroquinidad» del Sáhara Occidental. A cambio, Rabat aceptó normalizar sus relaciones con Israel. Este acuerdo provocó un escándalo y el enfado de Argel, que denunció la «llegada de la entidad sionista» a sus fronteras y el temor a la «desestabilización». Al mismo tiempo, el Frente Polisario decretó el fin de un alto el fuego de 30 años tras una incursión del ejército marroquí cerca de la frontera mauritana.
Estos dos acontecimientos desencadenaron la escalada que se está produciendo actualmente. A Argel tampoco le gustó que el embajador marroquí en la ONU, Omar Hilale, dijera en julio que el pueblo cabileño merecía «más que ningún otro disfrutar plenamente de su derecho a la autodeterminación». Por ello, a finales de agosto, Argel decidió romper las relaciones diplomáticas con Marruecos y prohibir el sobrevuelo de su territorio a los aviones de matrícula marroquí. Argel también decidió no renovar el contrato de gas firmado con el reino para el transporte de gas a España. Un gasoducto atraviesa el territorio marroquí, y Argel decidió utilizar sólo su segundo gasoducto, que cruza directamente el Mediterráneo, para abastecer a España y Europa.
“Recientemente, Marruecos se ha equipado con drones de combate y kamikazes. Existe una verdadera cooperación militar. Esto es una gran fuente de preocupación para Argelia. Los dos países ya no se llevan bien, ya no confían el uno en el otro. (…) Es el impacto del acercamiento a Israel que estamos viendo entre los dos vecinos norteafricanos”, estima Dalia Ghanem, investigadora del Carnegie Middle East Center, especialista en Argelia.
Dos posiciones radicalmente opuestas
Algunos periódicos locales titulan «suenan tambores de guerra entre Argelia y Marruecos», pero los dos países no tienen nada que ganar si entran en un conflicto armado. Se pueden observar dos posturas radicalmente opuestas.
Las autoridades argelinas multiplican las declaraciones virulentas. Sobre el caso de los tres conductores asesinados, la presidencia promete que este «cobarde asesinato» imputado a las «fuerzas de ocupación marroquíes» no «quedará impune». Una amenaza apenas velada de una respuesta armada.
En Rabat, la estrategia parece radicalmente opuesta. Mantienen un perfil bajo, sin ninguna declaración oficial. Citada por la Agencia France Presse, una fuente gubernamental marroquí declaró: «Si Argelia quiere la guerra, Marruecos no la quiere. Marruecos nunca se verá arrastrado a una espiral de violencia y desestabilización regional. Marruecos nunca ha atacado ni atacará a ciudadanos argelinos, sean cuales sean las circunstancias y las provocaciones».
En cualquier caso, la tensión es máxima y puede sorprender el silencio de los vecinos africanos de Argelia y Marruecos, así como de Francia, que tiene intereses con ambos Estados, porque a nadie le interesa que se enfrenten estos dos gigantes del norte de África.
Por Guillaume Thibault.
Fuente:Radio Francia Internacional

