Tendiendo puentes: la epopeya urbanística de Santa Cruz


En las postrimerías del siglo XX, Santa Cruz de la Sierra inicio el quiebre de los paradigmas que le habían limitado en su proyección de urbe metropolitana, debido a la incapacidad y falta de voluntad de parte de los actores políticos centralistas que habían mostrado desinterés sistemático a las demandas de una región emergente y con ganas de mostrar al mundo, la ardua y sacrificada labor que habían gestado durante décadas; labor que gracias al esfuerzo de hombres y mujeres visionarias, amantes de su tierra, pudieron verse plasmadas en hechos.

Mario Foianini Lozada, uno los hombres visionarios de su época, vislumbró una ciudad moderna, interconectada y metropolitana, aparejada a la corriente de ideas inspiradoras de una región que prioriza la libertad, característica fundamental de quienes, buscando el desarrollo de Santa Cruz de la Sierra, se habían encargado de proporcionar condiciones dignas a los inversores y empresarios privados, modelo que se ha encargado de convertirla en referente de la economía del país en el siglo XXI. Durante aquellos años, el masivo crecimiento demográfico demandaba atención urgente por parte de los administradores territoriales que tardaban en llegar o sencillamente no llegaron.



Los nuevos proyectos urbanísticos se alejaban cada vez más del centro histórico que había quedado reducido a lo mínimo y no podía seguir albergando a la ingente cantidad de personas que se trasladaban del interior y el exterior del país. El crecimiento y la expansión comenzaron a tocar las puertas de las regiones aisladas naturalmente de la urbe cruceña, debiendo encontrar alternativas creativas que permitan a los pobladores disponer de condiciones dignas de vida para su asentamiento.

Uno de los hitos fundamentales para el desarrollo urbanístico de Santa Cruz, comenzó como lo hacen siempre las grandes iniciativas, un sueño, una misión encarnada en la figura de don Mario Foianini Lozada, quien estaba dispuesto a hacerlo realidad contra viento y marea, debido a la importancia de contar con una obra de envergadura que permita integrar los municipios de Santa Cruz de la Sierra y Porongo, tal como terminaría ocurriendo en abril de 1999, cuando gracias al empeño, impulso e inversión de parte de él, finalmente era entregada. La monumental obra abría sus puertas al mundo, al desarrollo, crecimiento y engrandecimiento de la capital oriental y por consiguiente de sus alrededores.

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Hasta el instante de la inauguración, la única manera de cruzar el río Piraí había sido con un vehículo de doble tracción, gracias a Mario Foianini, la construcción del puente permitió que la ciudad comenzara a expandirse hacia el Urubó. La construcción del puente tuvo un costo de alrededor de diez millones de dólares, cubiertos en su totalidad por Mario Foianini Lozada, sirviendo de enlace con el Este de la ciudad y con el municipio de Porongo, que gracias a él ha experimentado un crecimiento y desarrollo significativo.

No quedaban dudas al respecto, la ciudad comenzaba a transformarse en un centro cosmopolita, de características metropolitanas en el que los modelos arquitectónicos y artísticos daban rienda suelta a su imaginación. Se planificó y diseñó la ocupación de espacios urbanos en extrapolación de ciudades de primer mundo, introduciendo reformas que se adaptaban de forma fascinante al entramado de la nueva ciudad.

Urbanizaciones y edificios de estilos modernos, calles y avenidas amplias, jardineras, parques, áreas de recreación, campos deportivos, distribuidores con pasos a desnivel, con la correspondiente atención de los servicios básicos, se encargaban de completar el trabajo que en pocos años transformaría el rostro de una ciudad olvidada, que persistía en demostrar con amor a aquellos que se encargaron de ignorarla, que su compromiso y entrega son irrenunciables.

Foianini Lozada, nacido el 2 de octubre de 1942, había adquirido la propiedad en la zona donde terminaría emplazándose la obra, casi 400 hectáreas sobre las cuales se habían cumplido con todos los pasos legales y de saneamiento, le pertenecían íntegramente. Su idea comenzó el año de 1985, aunque tuvo que esperar pacientemente durante diez años para que las autoridades aprueben su proyecto y le entreguen la respectiva orden de construcción.

El embellecimiento de las ciudades constituyen una aspiración permanente de sus habitantes, aunque en el caso de Santa Cruz de la Sierra, es menester destacar la labor y rendirles un homenaje a los hombres soñadores, visionarios, grandes personajes que dejaron su huella en el corazón de los cruceños. Sin la participación de Mario Foianini Lozada y muchos otros que, al igual que él, supieron entregarle incondicionalmente a su tierra trabajo, esfuerzo y sacrificio constante, Santa Cruz no sería el protagonista polifacético, integrador y solidario que es actualmente.

La herencia y contribución al desarrollo de Santa Cruz de la Sierra, debe ser un recordatorio de determinación y compromiso individual para transformar la realidad. Debemos valorar y recordar a quienes trabajan incansablemente para desarrollar el país, aquellos que, superando dificultades, desafíos, obstáculos, no cejan en su propósito y consiguen finalmente alcanzar sus objetivos en beneficio de la comunidad en su conjunto, convirtiéndose en hombres de gran valor que tienden puentes e integran vidas.

 

 

Carlos Manuel Ledezma Valdez, escritor, investigador, divulgador histórico