Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, la monarquía hispánica cobró una enorme relevancia en el concierto internacional, al punto, que llegaron a implementar un sistema monetario castellano de maravedíes, doblones y reales con los que llegarían a través del “Real de la 8”, a convertirse en la primera divisa de cambio global, precediendo a la Libra Esterlina y al Dólar Norteamericano. La reforma monetaria que realizaron los Reyes Católicos en 1497, denominada la “Pragmática de Medina del Campo”, propuso al Real (moneda de plata), como moneda única de pago, que comenzó a popularizarse con el tiempo hasta llegar a convertirse para mediados del XVI en la divisa de mayor demanda del planeta.
La plata extraída en grandes cantidades de las minas de México y fundamentalmente del Sumaj Orcko (Cerro Rico) de Potosí, servían para que se acuñasen los reales. En aquel entonces, para Europa, era indiscutible la calidad de las minas argentíferas de América y la fama que había alcanzado Potosí, posibilitó que el Real se convierta en una moneda de referencia en todos los puertos, sirviendo para comerciar y adquirir absolutamente todo.
Potosí de ensueño y fantasía, la ciudad más rica del mundo. Contaba con salones de baile, teatros y tablados para las fiestas que lucían tafetanes y finos tapices, cortinas, blasones y refinadas obras hechas por orfebres. De los balcones de las hermosas casas coloniales colgaban damascos coloridos, lamas de oro y plata, símbolo de la riqueza y ostentación que se respiraba en el ambiente. Para 1625, Potosí contaba con una población de 160.000 habitantes, sólo por detrás de Londres y París.
Cuando visitamos Potosí, encontramos una histórica y fascinante ciudad que ha quedado suspendida en el tiempo. Conserva incólume el encanto de sus calles y casonas, recuerdo imperecedero de un pasado glorioso de virtuosismo y riqueza sin precedentes. Un viaje en el tiempo nos permite recorrer sus intrincados callejones que descansan sobre una topografía sinuosa, entre murallas de bálago y barro.
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La fama de Potosí quedó inmortalizada en la obra más importante de la literatura de habla hispana de todos los tiempos, la forma en la que Miguel de Cervantes Saavedra describe a Potosí para referirse a la riqueza, es una muestra de la trascendencia que alcanzó la Villa Imperial de Carlos V para el mundo. Desde allí se enviaban reales de plata para pagar el marfil de la india, los perfumes árabes, la seda de Calabria y cuanta suntuosidad pueda cruzarse por nuestra imaginación.
Este yacimiento de plata legendario, que hoy puede ser visitado, no tuvo tregua ni descanso desde el asentamiento de las colonias españolas. Es fácil ver como las cooperativas mineras tienen repartidas las entradas y túneles que continúan operando. Las condiciones duras de trabajo, seguidas de improvisación y falta de organización, recompensan pobremente a quienes todavía porfían en que el –otrora– coloso de plata y soporte de la economía mundial, haga brotar nuevamente plata a raudales.
La impresionante belleza de aquella montaña, ha servido para que muchos poetas y escritores exulten su figura a través de obras y románticos poemas. Potosí cuenta con un legado histórico incomparable, de calles y bulevares que cuentan historias por sí solas; casas y casonas de nobles figuras, junto a iglesias construidas con las más refinadas técnicas de arquitectura de la época, las cuales para nuestra fortuna se conservan intactas.
La descripción de la historia de una ciudad próspera y rica, contrasta fuertemente con la realidad del presente, debiendo su gente hacer frente a constantes episodios de depresión económica y una serie de problemas que parecen nunca acabar. Potosí se debate en medio de desafíos constantes y una lucha permanente por retornar a la senda gloriosa de su pasado. La ciudad que alguna vez fue el epicentro de la economía mundial, conmemora 213 años de gesta libertaria, en medio de promesas y compromisos por asegurar el bienestar de sus pobladores.
Por: Carlos Manuel Ledezma Valdez
Escritor, investigador, divulgador histórico
