Caleidoscopio: Guerrillas urbanas


Carlos Manuel Ledezma Valdez – eju.tv

Por: Carlos Manuel Ledezma Valdez

ESCRITOR, INVESTIGADOR & DIVULGADOR HISTÓRICO



CONSULTOR – COMENIUS S.R.L. INGENIERÍA DEL APRENDIZAJE

Cuentan las crónicas del año 1902 que, en un opúsculo publicado por el padre de la revolución moderna, se encontraba trazado un mapa exhaustivo para defenestrar al Estado burgués.

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Un manual que sirvió al partido bolchevique, integrado por grupos de revolucionarios profesionales, para alcanzar el poder en Rusia a finales de 1917. Los partidarios habían tomado nota de la información y de la experiencia de las “jornadas de octubre”, trazando así la ruta y el modelo para el resto de partidos comunistas del siglo XX. Se tenía en claro que, para que se llevase a cabo la revolución, esta debía iniciarse en la ciudad y desarrollarse dentro, tenía que ser violenta y mucho, lo más importante, tenía que ser rápida, a fin de evitar que el poder tenga tiempo de responder.

Generalmente cuando conocemos información acerca de que <<se desarrollaron disturbios en diferentes lugares del mundo>>, en escenarios caóticos donde los cabecillas logran escabullirse de la policía para continuar con estas prácticas una y otra vez, tendemos a creer que todo se encuentra justificado por el cine, la televisión o los libros. Pues no hay nada de romántico en esta narrativa, las aventuras de Robin Hood, robándole al rico para darle al pobre, no pasan de ser un cuento.

La barahúnda que se monta en estas manifestaciones violentas, responden a un cálculo frío y meticuloso de grupos bien organizados, lo que se conoce en el ámbito de la política como la “praxis revolucionaria”, actividad que es mejor desarrollada por quienes destacan como anarquistas o gente con doctrina en alguna línea derivada de los partidos de izquierda, las que se conservan desde los tiempos de la revolución rusa, con las mismas tácticas y prácticas de manual.

Durante la década de los años sesenta el modelo cubano replanteó algunos detalles, bajo el entendido, de que sólo desde adentro y mediante la extensión de focos guerrilleros se podrá acabar con el sistema que hasta entonces, no había podido demostrar ser mejor que el capitalismo contra el que combatía, fracasando en sus constantes intentos. Así, durante el periodo de posguerra, la revolución cobraba impulso desde Sierra Maestra. Europa dejaba de ser el epicentro de la convulsión, dando paso a los países del tercer mundo.

En esta década surgiría un personaje poco conocido, pero de suma importancia para entender el surgimiento de las “Guerrillas Urbanas”. Carlos Marighella, un revolucionario de Brasil, tras ser expulsado del Partido Comunista y motivado por la muerte del Che Guevara poco tiempo antes, redactó el “mini manual do guerrilheiro urbano”, un pequeño libro que tuvo un éxito inimaginable, siendo traducido a varias otras lenguas en diferentes partes del mundo, convirtiéndose en la “biblia” de los revolucionarios de ciudad. Para su pesar, Marighella no alcanzaría a ver el éxito de su trabajo, pues moriría el mismo año mientras intentaba poner en práctica su teoría en las calles de Brasil.

Marighella, había nacido en 1911, fue militante del partido comunista toda su vida. Tras un corto viaje a la Habana el año sesenta y seis, se radicalizó, ocurriéndosele la idea de trasladar la guerrilla castrista al entorno populoso de las ciudades en Brasil. En su primer intento, el año 1969, fue abatido por la Policía Federal, lo que hizo que el “mini manual” se dispersase como el de Lenin (1902), bajo el principio de que: “la revolución es algo de minorías muy comprometidas con la causa. Esas minorías serán las encargadas de llevar violencia mediante el nuevo y luminoso amanecer del socialismo”.

Para la década de los años setenta, el enemigo de las guerrillas urbanas era bastante fuerte, además de que la población se mostraba indiferente a los desvelos revolucionarios. La gente de clase media (citadinos), accedía a casa, coche, vacaciones y ciertas comodidades derivadas de su trabajo, por lo que resultaba urgente para los revolucionarios reajustar las técnicas del manual, hasta que sean coincidentes a los focos preconizados del guerrillero cubano. Debían ser veloces, letales y no dejar tiempo de reacción a la policía ni al ejército, declarándose víctimas de represión y de las torturas policiales, para así crear simpatía entre los sectores populares.

Los partidos comunistas de diferentes partes, con una doctrina leninista, comenzaron a aburguesarse y vivir a costa del sistema, por lo que tampoco respondieron favorablemente a las propuestas de las “guerrillas urbanas”. En la antigua Unión Soviética, entendían que todo ese movimiento les era ventajoso por lo que comenzaron a abrir el grifo de dinero, financiando focos guerrilleros en varias latitudes del planeta, con el problema de que muchas veces derivaron en la creación de células terroristas como el RAF de Alemania, en Irlanda se conoció al grupo IRA, o los ETA españoles.

Una característica de la “guerrilla urbana”, es que puede partir de una demanda legítima, misma que derivará en protesta, lo que permitirá soportar la parte argumentativa, independientemente de la causa; un contrato lesivo, una ley, un acuerdo comercial, temas medioambientales, la guerra, los impuestos, el alza de los precios del transporte o lo que pueda imaginarse, es el caldo de cultivo perfecto para que se desate la violencia y se procedan a realizar actos vandálicos, quemas de casas, toma de edificios y otros, que justifiquen una causa, la suya misma.

Conocen las debilidades de las sociedades modernas de consumo y utilizan esa información para utilizarla a su favor. Gracias a la tecnología, hoy en día comparten vídeos y fotos de sus actividades. Se han convertido en presos de su imagen, buscan el foco de las cámaras, las luces en el rostro enfocándolos al momento de cometer alguna fechoría, disturbios y un ineludible rosario de actos vandálicos que los muestran como trofeos, aprovechando para denunciar la brutal represión policial que terminará por convertirlos en víctimas.

Una espiral demencial de violencia no termina nunca de encontrar su fin, dándose a la tarea de convertir causas justas en narrativas revolucionarias, algunas que duran días, otras semanas, meses, años, incluso décadas en el caso de países donde su población comete siempre el mismo error, elegir a sus políticos, de las mismas “Guerrillas Urbanas”.