Son tantas, como inapelables, las señales de involución histórica que sufre nuestra amada patria, que nos llevan a pensar en el advenimiento de una época de dolor y sufrimiento nunca padecidas.
A la frágil, como precaria situación económica que se ha empezado a vivir, desde el virtual agotamiento de nuestro recurso gasífero para la exportación; una falta
cada vez más acentuada de combustibles para el transporte automotor, tanto urbano como rural; así como la escasez de dólares que afecta a varios sectores e incluso a servicios como los pagos electrónicos y giros al exterior, se suma una insólita ola de violencia similar a países cuyos regímenes han introducido la política doméstica, en la cadena narco productiva.
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Es el caso reciente, ocurrido en la localidad beniana de Santa Ana de Yacuma, donde un joven piloto fue asesinado por cuatro sicarios, en pleno centro de esa ciudad, acto que motivó una manifestación de protesta de los pobladores en contra de la policía que, a su vez, la reprimió con el uso de agentes químicos, acción que dio paso a que la población dé un plazo de 24 horas para que el Comandante policial presente su renuncia. La noche del este sábado 1 de junio, al no cumplirse dicha exigencia, la poblada procedió a la quema de las oficinas de esa unidad policial.
Este trágico acontecimiento, junto a los muchos otros que se están dando en esa región y en el Oriente en general, nos remonta a épocas en que se hablaba de separatismo y a toda costa se trataba de generar un verdadero separatismo entre el Oriente y el Occidente, con la peregrina esperanza de dividirnos para reinar, una irracional estrategia de los foristas de Sao Paulo, actualmente de Puebla.
Las elecciones presidenciales realizadas en México son una muestra palpable del irreversible daño que la polarización puede ocasionar a un país; dividiéndolo hasta las bases mismas de su nacionalidad. La violencia sembrada por adictos a la permanencia del actual régimen, de un López Obrador, como causahabiente del moribundo Foro de Puebla, cuya gestión se ha cobrado con más de 30.000 asesinatos; el crecimiento del narcotráfico y la desigualdad social.
Uno de los instrumentos utilizados para el logro de los fines arriba expuestos fue la clásica estrategia empleada por los foristas, en los países que cayeron en sus redes, como: el cambio constitucional, el racismo, la lucha de clases, los movimientos de género, cada vez más en boga y todos los resentidos sociales que, bajo el paraguas de un supuesto progresismo, alcanzan el poder para robar y dilapidar los recursos de las naciones que gobernaron, aún a costa de la ruina total de sus víctimas, como: Venezuela, Argentina, Cuba, Nicaragua y otros.
En el caso mexicano, dichos indicadores funestos fueron hábilmente utilizados en la última campaña electoral, al despertar la curiosidad y exaltación de un pueblo, tradicionalmente machista, con la disputa de dos mujeres, en su afán de acceder al solio presidencial, por primera vez en dos siglos de historia. MORENA, el partido de la victoria de AMLO, celebró el triunfo por todo lo alto y, hasta, se dio el lujo de invitar a Evo Morales como observador de los comicios, y como “prenda de garantía” de una buena realización de estos. Sólo nos toca esperar que tal experiencia no se repita en Bolivia que está en vías del MedioEvo.
