Volcar los pensamientos propios en una columna de opinión, siempre implica un riesgo, porque a diferencia de lo que se habla y olvida, lo escrito permanece porque “escrito está”, de ahí que escribir entraña una enorme responsabilidad, mucho más, si de por medio están personas que, como Ud., tienen la gentileza de leer mis artículos y aprobarlos, algo que de verdad me honra y hace feliz.
Para entender cómo es que empecé a salir en los medios de prensa, debe saber que, si Dios quiere, en 2027 cumpliré 40 años ininterrumpidos de trabajo, durante los cuales no dejé de informarme sobre muchos temas relativos al desarrollo socioeconómico, habiendo complementado lo aprendido en la Universidad con lo que enseña el contexto productivo, gracias a la posibilidad que tuve de asimilar experiencias propias y ajenas —nacionales y extranjeras— para poder opinar con cierta solvencia e interpretar realidades sin sesgos dogmáticos ni ideológicos.
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Habiendo pasado tanto tiempo, no puedo creer cómo, siendo que de jovencito nunca imaginé salir en algún periódico, desde 1988 lo empecé a hacer ante la insistencia de mi primer Gerente General en el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Lic. Francisco Terceros Suárez, quien, diplomático de profesión como es, me enseñó a llevarme bien con la prensa y a decir las cosas “con altura”.
Debo destacar también que, si algo marcó un antes y un después en mi vida, fue el haber recibido a Jesús como mi Salvador en 1997, para, a partir de ahí, reflejar su carácter, haciendo que la palabra blanda aplaque la ira; evitando la confrontación y ataques personales, impidiéndome, responder los agravios que con frecuencia suelen provenir de quienes se creen más que uno, aun sin serlo.
Mi trayectoria como columnista regular se remonta al año 2007, cuando el Director del periódico “La Razón”, Lic. Juan Carlos Rocha, me invitó a escribir quincenalmente y, posteriormente, el Lic. Grover Yapura, hizo lo propio, habiendo producido más de 150 columnas bajo el encabezado “Buscando la Verdad”, que me ayudó a concebir mi primera Editora, la Lic. Sandra Ivana Mallo, entendiendo que el pensamiento se construye, corrige y enriquece con el tiempo.
Estuve en aquel prestigioso medio durante cinco años, hasta que a fines del 2012 recibí la cordial invitación de dejarlo, pues una tercera persona reclamó que yo aceptara la invitación del Ing. Juan Carlos Rivero Jordán, para ser columnista semanal en “EL DEBER”, el Diario de mayor referencialidad en Santa Cruz y Bolivia, así que desde diciembre de ese año empecé a escribir en mi nueva casa periodística, sumando, con la de hoy, 700 columnas ininterrumpidas.
El cambio valió la pena, no solo por la mayor frecuencia de mis salidas para aportar con artículos mediáticos en lo económico y comercial -y de vez en cuando en lo espiritual y personal- sino, porque a partir de ahí se abrió un mundo de nuevas posibilidades, al extremo que hoy por hoy son más de 20 medios los que replican mi columna semanal a nivel nacional, yo, muy agradecido por ello.
Fue tan valiosa esta nueva experiencia, que a los pocos años publiqué el libro “Buscando la Verdad: Reflexiones sobre economía y la vida a la luz de la Palabra de Dios (2012-2016)” con mis primeras 212 columnas escritas en “EL DEBER” en ese lapso y, si en algo me esforcé para contribuir al conocimiento como economista, teólogo y pastor, lo que gané a partir de ahí no tiene precio: una enorme cantidad de amigos, además de su reconocimiento.
Ahora bien, siendo natural que todo columnista esté sujeto a la crítica, aunque no siempre sea constructiva, ello me ayudó a cultivar mi dominio propio, p. ej., cuando ciertos “eruditos” criticaban lo “livianito” de mis artículos, que la gente entendía, pero ellos no; y, también, para no ensoberbecerme por la felicitación a los escritos sobre mi esposa, la familia, la vida, la fe o la espiritualidad.
Gracias al respeto de mi sentir y a la libertad de expresión que siempre primó, me fue posible evitar que el tratamiento de la economía sin humanidad lo vuelva frío y que la espiritualidad, sin conexión con la realidad, pierda sentido.
Estas dos décadas como columnista no han sido solo una sumatoria de textos publicados, sino un camino de búsqueda, aprendizaje y servicio, una disciplina que pasó a ser parte de mi vida, y, algo curioso, como siempre le digo a mi esposa Jannet: lo más difícil para mí a la hora de escribir, hasta hoy ¿saben qué es? Elegir el tema y el título de la columna ¡no saben lo que cuesta!
A lo largo del camino recorrido he llegado a entender que escribir no es solo un ejercicio intelectual, es, en esencia, una forma de servicio a la sociedad, a mis lectores, a mi región y a mi país, a quienes me debo, buscando aportar al debate e invitar a la reflexión, promoviendo principios y valores que dan sentido a la vida.
Por eso y más, doy gracias a Dios porque esta columna haya podido ayudar a buscar y a entender la verdad, y, en paralelo, a forjar grandiosas relaciones de amistad, como la suya…
Gary Antonio Rodríguez Álvarez
Economista y Magíster en Comercio Internacional
