«Hay que trabajar como locos para crear un plan de negocio que nos mantenga en marcha”, dice su CEO Scott O’Neil. El PIF ha puesto 5.300 millones de dólares en cuatro temporadas, una cifra fuera de mercado.
GERARDO RIQUELME

Fuente: https://www.marca.com
La noticia la confirmó con un eufemismo el mismo CEO del LIV Golf, Scott O’Neil, en una entrevista con la TNT. «“La realidad es que estaremos financiados durante la temporada y hay que trabajar como locos para crear un plan de negocio que nos mantenga en marcha», dijo. Traducido: el Fondo Público Árabe (PIF), la empresa con más activos del planeta y que ha puesto 5.300 millones de dólares para la aventura que empezó en 2022 se retira. O rebajará sensiblemente la aportación.
Mientras crece el nerviosismo en algunos lugares, como Louisiana, parada del LIV en Nueva Orleans, donde piden claridad para seguir apoyando la etapa, O Neil trata en México de mantener el optimismo. «Lo que nos pasa no es diferente a cualquier otro negocio de capital privado en la historia de la humanidad.” Lo que lo hace diferente son las cantidades que se manejan y la rentabilidad. Porque detrás de aquella inversión para crear una liga paralela de golf, el siguiente referente en el deporte será seguramente lo que invirtió Qatar, a través de QSI, en el PSG y que en 15 años rondaría los 4.000 millones.
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Con torneos donde 57 golfistas se reparten 30 millones, sólo dos de las 14 etapas -Adelaida y Johannesburgo- constituyen una inversión robusta. «Hay otros tres torneos que están en números verdes», aclaran desde el LIV. «Ganan poco, pero ganan». Y sin esas cantidades será difícil retener a las grandes estrellas, especialmente Bryson DeChambeau, que acaba contrato en agosto. Jon Rahm firmó cinco años y aún le queda hasta 2028.
Dice alguien que ha trabajado con muchos de los responsables del LIV en otros deportes, que la cúpula es un grupo cargado de talento y que conoce el mercado como pocos. Su discurso es llevar al golf a los jóvenes con otro relato distinto al tradicional que defiende el PGA Tour y el DP World Tour. Llegar también a otros mercados. «¿Nos queremos quedar solo en Estados Unidos o llegar a los otros 7.500 millones habitantes del planeta?», se preguntaba O’Neil el miércoles. ¿Nos queremos dirigir a la gente de 60 años como el PGA Tour? No». La realidad es que el imán hasta ahora ha sido el dinero. Nadie, incluso los que lo rechazaron, se sentaron en la mesa con los dólares como primer asunto a abordar.

El ‘board’ del LIV Golf tiene una carrera contra reloj de aquí a julio. Todo lo que no se consiga cerrar en esos dos meses largos será costoso sacarlo adelante. En contra juega los momentos de incertidumbre que se viven con la guerra y que los dos mejores golfistas del momento, Scottie Scheffler y Rory McIlroy, ganadores de cuatro de los últimos cinco grandes, están alineados en el PGA Tour.
Es comprensible la ilusión que proclama O’Neil, cuando dice que el circuito «goza de mejor salud que nunca». El LIV Golf ha crecido en interés, en estructura, en audiencias. Grandes ciudades se han interesado por acoger etapas. Madrid lo hizo, aunque su deseo era aproximarlo a las fechas de la Fórmula 1, en septiembre, fuera del calendario del LIV lo que lo hace inviable.
Y la estrategia, pensada con un concepto global, de Tour mundial inexistente en el golf, también tenía, y tiene, un objetivo claro: captar los Open nacionales. La oferta al de España, en septiembre pasado, pasaba por integrarlo dentro de las International Series del Circuito Asiático, pero eso obligaba a que la mitad del field fueran jugadores del Asian Tour, algo que la Federación Española rechazó con coherencia por la adjudicación de la Ryder Cup para 2031. También se tanteó a Francia.
El meollo es que en la nueva política deportiva del PIF, lo doméstico -en especial el Mundial de fútbol de 2034 y los combates de boxeo y UFC en Arabia- prevalece sobre otro tipo de inversiones internacionales. La inteligencia artificial, el gaming y los esports son los pilares de los nuevos deseos de Mohammed Bin Salman, un apasionado del League of Legends.
Una anécdota define la pasión del príncipe heredero: cuando el pasado verano se celebró una competición mundial en Riad, solicitó que los ganadores fueran a palacio a jugar con él. Los campeones adujeron que tenían competición en Japón dos días después y que tenían que coger un avión. Fueron a palacio y después de jugar hasta el alba, puso a su disposición el boeing 747 de la familia real.
En este nuevo mosaico en el que también se mantendrá la inversión en el Newcastle, que este año llegó a la Champions League de fútbol, ya no aparecen como prioritarios el golf o como deseo el baloncesto. Hace un año hubo un intento de comprar parte de la Euroliga y ofrecieron 400 millones. El Comité Ejecutivo declinó esa oferta, que era la mejor que se presentó. En la LIga de fútbol árabe, los equipos que estaban participados mayoritariamentes por el gobierno (Al HIlal, Al Nassr, Al Ittihad y Al Ahli) están siendo vendidos a capital privado. Al Hilal ya ha ejecutado la venta del 75 por ciento.
No es descartable, según los analistas, que en las próximas semanas se resuman los contratos que Arabia firmó con WTA y ATP para ser la imagen de sus ránkings de tenis, además de los torneos que ha incorporado. Aunque hay un matiz que favorece su permanencia: a partir de 2028, Arabia se incorporará al calendario de los Masters 1.000. En el LIV sólo estaba el torneo inaugural de Riad y nocturno. Apenas acudía gente o la que lo hacía, era al calor de un concierto como el de Backstreet Boys.