Medidas pendientes y la oposición política crece


 

Seguramente por la crisis profunda que afecta al país, el gobierno no logra consolidar el nuevo modelo económico nacional; aplicar el conjunto de normas correctivas forzosas, como prometió el Presidente Rodrigo, durante su campaña electoral.



Los cambios estructurales —el régimen tributario, las leyes de hidrocarburos y de inversiones— se anuncian repetidamente, pero no llegan. Las tensiones sociales son evidentes, el gobierno empieza a pagar el costo de la espera. Continúa enfrascado en resolver lo urgente, y no engancha con lo importante. Se ve que la meritocracia que le rodea no alcanza.

El Presidente Paz Pereira necesita negociadores hábiles para hacer frente a los conflictos que se presentan, como es costumbre, por todo y por nada. Las frecuentes indecisiones generan vacíos de poder que sus enemigos políticos aprovechan para provocar desorden, empujar la situación de crisis hasta niveles que comprometan la gobernabilidad. “La obsesión de todo enemigo es acabar contigo.”

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La Central Obrera Boliviana (COB), el magisterio urbano y rural, cooperativistas mineros, movilizaciones de campesinos, amenazas por todo lado, plazos perentorios y bloqueos; el Estado actúa al filo de la cornisa y, en la mayoría de los casos, termina por ceder a las demandas.

Al mismo tiempo, ciertos portavoces de la extrema derecha proponen, con empeño sugestivo, privatizar la provisión de combustibles, cerrar de inmediato las empresas públicas; están curiosamente preocupados por las inversiones y el bienestar de los pequeños agricultores; insisten en recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) y resolver, de una vez por todas, la crisis multisectorial.

Argumentan que el país está frente a una oportunidad histórica, para tener un verdadero cambio; no es la primera vez que se escucha esta declaración solemne. Sin embargo, el detalle no está en lo que tienes, sino qué haces con lo que tienes. ¿Qué se hará esta vez?

“No se trata solo de distribuir recursos, sino de reconstruir”, ha dicho el mandatario en su reunión con los gobernantes electos. Su discurso, por encima de todo, fue un llamado al civismo, al sentimiento patriota; porque después de las subnacionales, viene lo más importante: cumplir con la promesa del 50-50, para emprender los proyectos —en algunos casos exagerados — de gobernadores y alcaldes.

Por otro lado, entre otras urgencias descuidadas, sigue pendiente la construcción y aplicación de políticas públicas, con relación a la explotación legal (ilegal) y exportación de minerales; parece que no se quiere tocar intereses incrustados en varios niveles de la gobernanza. Solo se reitera, ocasionalmente, que es necesaria la innovación tecnológica, con clara referencia a la sustitución del mercurio —usado para amalgamar el oro— que provoca graves efectos tóxicos en la salud humana y la biodiversidad; el sector ministerial responsable, guarda silencio prudente al respecto.

Las encuestas recientes muestran que el Presidente Rodrigo mantiene buen nivel de aprobación, una señal de que, a pesar de los escándalos, persiste la paciencia y la esperanza.

Mario Malpartida

Periodista