Papa Francisco: su legado a un año de su partida


Francesco Zaratti

 

El 21 de abril de 2025, lunes de Pascua, se detuvo el corazón de Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco. ¿Qué queda de su pontificado un año después?

Su magisterio sobre la fe como luz del mundo lo vinculó estrechamente con su antecesor, Benedicto XVI, a través de la encíclica “La luz de la fe” —Lumen fidei (2013)— que Francisco promulgó con escasas añadiduras. Por otro lado, su reflexión sobre el amor preferencial de Dios por los pobres y los “descartados” quedó plasmada en el borrador de la exhortación apostólica “Te he amado” —Dilexi te, 2025—, completada posteriormente por su sucesor, León XIV. Una expresión concreta y natural de la continuidad del magisterio entre tres pontificados.



Mucho se ha escrito sobre el legado del papa Francisco, destacando su encíclica “estrella”, Laudato si’ (2015), sin duda el más conocido, original e influyente de sus documentos. Sin embargo, la herencia de aquel papa que —como él mismo dijo— el cónclave fue a buscar “al fin del mundo” es mucho más amplia y profunda, tanto para la Iglesia como para la humanidad.

Al abordar la credibilidad del hombre de fe —un tema de candente actualidad—, y acompañando siempre sus palabras con gestos, Francisco afirmaba que esta radica en la armonía entre mente, corazón y manos; es decir, en la coherencia entre lo que se piensa, se siente y se hace. El drama del mundo actual —visible en la política, la economía y las relaciones sociales— es precisamente la ruptura de esa armonía: se piensa sin sentir ni actuar; se siente sin actuar ni pensar; o se actúa sin pensar ni sentir.

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La exhortación apostólica “La alegría del Evangelio” (Evangelii gaudium, 2013),  el “manifiesto” de su pontificado,  presenta cuatro orientaciones fundamentales para gobernar y para vivir:

  • “El tiempo es superior al espacio”: invita a generar procesos de largo alcance, superando la miopía de la política orientada a logros inmediatos. Piensen en la transición energética.
  • “La unidad es superior al conflicto”: en las tensiones en todo quehacer humano deben prevalecer los objetivos que promueven el bien común. A tomar en cuenta para las reformas que necesita Bolivia urgentemente.
  • “La realidad es superior a la idea”: la realidad concreta, local y cultural, debe primar sobre esquemas teóricos abstractos. Marca los límites de las utopías populistas.
  • “El todo es superior a las partes”: toda decisión debe considerar sus efectos globales, pues soluciones parciales pueden provocar daños mayores en otros ámbitos. Si no, pregúntele a Trump por su insana guerra.

Laudato si’ se centra en la ética: la raíz de la crisis ambiental no está solo en factores técnicos, sino en el corazón humano y en ese “antropocentrismo despótico” que utiliza la naturaleza sin respetarla.

Francisco predicó con el ejemplo: su modo de habitar, su forma de vestir y su comportamiento reflejaron una profunda austeridad interior. A ello se sumó su capacidad de escucha y su insistencia en caminar y discernir junto al pueblo —lo que hoy llamamos “sinodalidad”—.

Su propuesta de una “ecología integral”, que articule las dimensiones humana, espiritual y tecnológica, sigue plenamente vigente. Es una invitación a preferir la sobriedad al consumismo, la reconciliación a la explotación de la tierra y el esfuerzo creativo al rentismo, bajo la conciencia de la precariedad de la existencia. Lo repetía con ironía: “nunca se ha visto a un camión de mudanzas detrás de un féretro”.

Su humor, a menudo incisivo, fue también parte de su magisterio: criticó a los sacerdotes con “cara de vinagre”, a los cristianos “de museo” (sin vida), al moralismo excesivo y a la intolerancia por la religiosidad popular, como en la célebre anécdota del “sí, padrecito”. ¡Gracias, Papa Francisco!

Francesco Zaratti